Se me hace raro pensar que ese adjetivo ahora me aplica, pero lo hace. Hace casi un mes me mudé a una casa, no a cualquier casa... Sino a una casa de mi propiedad.
Se siente como un logro porque como está la cosa, sé que es difícil. Pero también era una medida para cubrirme de que me subieran el alquiler (mi contrato caducaba este año y cuando me puse a mirar no teníamos el decreto de congelación). Y eso, en mi cabeza, empaña un poco lo demás. Eso y otras cosas...
Es triste pensar que una de las señales de que tienes un proyecto de vida serio es hipotecarte de por vida. Sobre todo porque un contrato de hipoteca en 2026 se siente casi como venderle tu alma al banco y sus colegas.
Pero es el mundo que hemos construido. Y digo construido porque no es algo que sea inevitable y natural como lo gravedad. Es algo en lo que hemos entrado todos como medida de lo que aporta o vale una persona.
Yo sé que no soy diferente porque ahora se me aplique el adjetivo propietaria. No soy mejor, no valgo más. Soy la misma que empezó el año pensando en qué iba a hacer. Y sobre todo que no soy más que nadie por ello, sino simplemente otra persona más que ha tenido que vender su alma al banco porque hizo números y vio que podía hacerlo (que a día de hoy es casi un privilegio) y le salía rentable